Hebreos 12:28-29: Explorando el camino hacia la perfección espiritual
Introducción
El pasaje de Hebreos 12⁚28-29 es una profunda exhortación a la fe y la perseverancia․ En este texto, el apóstol Pablo nos recuerda que Dios nos ha dado un reino inconmovible, un reino que no se tambalea ni se mueve, un reino que es eterno․ En este reino, tenemos la seguridad de que Dios siempre estará con nosotros, siempre nos sostendrá y siempre nos guiará․
El Reino Inconmovible
Hebreos 12⁚28 nos habla de un "reino inconmovible", un reino que no puede ser sacudido ni movido․ Esto se refiere al reino de Dios, que es eterno e inmutable․ Es un reino que no está sujeto a las inestabilidades del mundo, a los cambios de las circunstancias o a las presiones de la vida․ Este reino es una realidad tangible para nosotros, como creyentes, porque nos ha sido dado a través de la fe en Jesucristo․
Gratitud y Servicio
La respuesta natural a la recepción de un reino tan maravilloso es la gratitud․ Hebreos 12⁚28 nos exhorta a "tener gracia", es decir, a vivir con un corazón agradecido por la increíble dádiva que hemos recibido․ Esta gratitud se traduce en servicio, en servir a Dios con alegría y entrega, reconociendo su amor y misericordia hacia nosotros․ La gratitud es el motor del servicio, y el servicio es la expresión tangible de nuestra gratitud․
Temor y Reverencia
El versículo continúa diciendo que debemos servir a Dios "agradándole con temor y reverencia"․ Este temor no es un miedo paralizante, sino un profundo respeto y reverencia hacia la grandeza y la santidad de Dios․ Es un reconocimiento de nuestra propia insignificancia y de la incomparable grandeza de Dios․ Este temor nos lleva a una vida de obediencia y a un deseo de agradarlo en todo lo que hacemos․
Conclusión
Hebreos 12⁚28-29 nos recuerda que la fe y la perseverancia son esenciales para vivir en el reino inconmovible de Dios․ Debemos cultivar un corazón agradecido, servir a Dios con temor y reverencia, y recordar que Él es un fuego consumidor․ Esta comprensión nos motiva a vivir con un sentido de asombro y reverencia hacia Dios, y a esforzarnos por agradarle en todo lo que hacemos․
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