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Explora la rica historia de la Judería de Valladolid y su icónica Calle de los Moros

Un recorrido por la historia de la Judería de Valladolid

Valladolid, una ciudad rica en historia y cultura, alberga en sus entrañas un pasado judío que se remonta a la Edad Media. La Judería de Valladolid, un espacio que ha sido testigo de la vida, las tradiciones y las vicisitudes de esta comunidad, nos invita a un viaje a través del tiempo, un paseo por la Calle de los Moros, donde la memoria se entrelaza con la arquitectura y el legado cultural.

La antigua Judería intramuros

En el corazón de Valladolid, donde las murallas abrazaban la ciudad, se extendía la primera Judería, un crisol de vida y tradición que floreció durante siglos. Situada al suroeste de la población, en las inmediaciones del imponente Alcázar, esta comunidad judía se integró con armonía en el tejido urbano, forjando lazos con la sociedad cristiana y contribuyendo al desarrollo económico y cultural de la ciudad. Durante la Edad Media, la convivencia entre judíos y cristianos fue relativamente pacífica, un testimonio de la tolerancia y el entendimiento que caracterizaban a la época. Los judíos de Valladolid no estaban obligados a vivir confinados en barrios separados o rodeados de cercas, disfrutando de una libertad de movimiento que les permitió prosperar y participar en la vida social de la ciudad.

Las calles de la Judería intramuros, con nombres tan evocadores como Cal del ilustre rey (actual calle del General Almirante) y Cal de la Rúa (actual calle de Especería), albergaban un sinfín de actividades y oficios. Los judíos de Valladolid se dedicaban a una amplia gama de profesiones, desde la orfebrería hasta la sastrería, la carnicería, el bordado, la zapatería y la barbería, contribuyendo al desarrollo económico de la ciudad.

La primera Judería de Valladolid contaba con al menos ocho sinagogas, lugares sagrados que servían como epicentro de la vida religiosa y social de la comunidad. La sinagoga mayor, situada cerca del Alcázar, era un símbolo de la fe y la identidad judía; La vida en la Judería intramuros se vio marcada por la prosperidad y la armonía, hasta que la guerra civil que enfrentó a Pedro I de Castilla con su hermanastro Enrique II de Castilla, trajo consigo un cambio drástico en la situación de la comunidad judía.

La guerra, que desestabilizó el reino, dejó a los judíos en una situación vulnerable. La campaña antijudía, impulsada por Enrique de Trastamara y Vicente Ferrer, sembró el miedo y la incertidumbre en la comunidad. La presión social, el miedo a la persecución y la búsqueda de un lugar seguro, obligaron a los judíos a trasladarse a un nuevo barrio, el barrio del Puente Mayor, dando lugar a un nuevo capítulo en la historia de la Judería de Valladolid.

La nueva Judería del Puente Mayor

En enero de 1412, buscando un refugio frente a la creciente hostilidad y la amenaza de la persecución, los judíos de Valladolid se vieron obligados a abandonar su antigua Judería intramuros y buscar un nuevo hogar en el barrio del Puente Mayor. Este cambio de residencia marcó un nuevo capítulo en la historia de la comunidad judía de la ciudad, un capítulo marcado por la búsqueda de seguridad y la adaptación a un nuevo entorno.

Para establecerse en su nuevo hogar, los judíos recurrieron a los dominicos del monasterio de San Pablo, situado en las proximidades del barrio. Con la esperanza de encontrar un lugar seguro y tranquilo, solicitaron a los dominicos que les arrendaran una parcela de su gran huerta. Este acuerdo marcó el nacimiento de la nueva Judería del Puente Mayor, un barrio que se convertiría en el centro de la vida de la comunidad judía durante las siguientes décadas.

En el corazón de la nueva Judería, se erigieron calles con nombres que evocan la vida cotidiana de la comunidad⁚ Sinagoga, Lecheras, Tahona, Moral, Espejo, Bodegones, plazuela de los Ciegos, de Carranza y del Pozo. Estas calles, algunas de las cuales aún perduran en el siglo XXI aunque con nombres diferentes, fueron testigos de las alegrías y las dificultades de la comunidad judía.

Según los estudios del historiador hispanista Bartolomé Bennassar, esta nueva Judería constaba de treinta y seis casas, calles estrechas y pequeños corrales, todo rodeado por una cerca que simbolizaba la protección y la unidad de la comunidad. A pesar de la expulsión y las dificultades que enfrentaron, los judíos continuaron practicando sus tradiciones y conservando su identidad cultural.

La nueva Judería del Puente Mayor, con su arquitectura y sus calles, se convirtió en un símbolo de la resiliencia de la comunidad judía de Valladolid, un testimonio de su capacidad de adaptación y su determinación de mantener su cultura y sus tradiciones a pesar de los desafíos que enfrentaron.

La expulsión de los judíos de Valladolid

El 31 de marzo de 1492, un decreto real firmado por los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, conmocionó al reino y marcó un punto de inflexión en la historia de España. El Decreto de la expulsión de los judíos, una medida que prohibía a los judíos permanecer en el reino a menos que se convirtieran al cristianismo, causó un profundo impacto en la comunidad judía de Valladolid y en todo el país;

La expulsión, un acto de intolerancia religiosa que provocó un éxodo masivo de judíos, obligó a la comunidad judía de Valladolid a abandonar su hogar, su cultura y sus tradiciones. Los judíos que habían resistido en el barrio del Puente Mayor, desde 1412, se vieron obligados a vender sus casas y salir de la ciudad, dejando atrás sus bienes y el recuerdo de sus vidas en Valladolid.

La expulsión dejó un vacío profundo en la vida de la ciudad, un vacío que se manifestaba en el silencio de las calles, en la ausencia de sus voces y en la pérdida de su contribución al tejido social y económico de la ciudad. La Judería, un barrio que había florecido durante siglos, se convirtió en un recuerdo de un pasado glorioso pero trágico.

La expulsión de los judíos de Valladolid marcó el fin de una era, una era de convivencia y tolerancia que había caracterizado a la ciudad. El legado de la comunidad judía, sin embargo, persiste en la memoria de la ciudad, en la arquitectura de sus calles y en la historia de la ciudad, un testimonio de la riqueza cultural y la diversidad que han caracterizado a Valladolid a lo largo de los siglos.

La necrópolis judía del Campo Grande

El Campo Grande, un extenso parque que se alza majestuoso en el corazón de Valladolid, guarda en su interior un secreto que permaneció oculto durante siglos⁚ una necrópolis judía. Este espacio, un lugar sagrado para la comunidad judía de Valladolid, fue el último refugio de sus fallecidos, un testimonio de su presencia en la ciudad y de su profunda conexión con la tierra que los acogió durante generaciones.

El descubrimiento de la necrópolis, en 2002, durante la remodelación de la Acera de Recoletos y el Paseo Central del Campo Grande, fue un evento de gran importancia para la historia de Valladolid. Las excavaciones arqueológicas trajeron a la luz los restos de un antiguo cementerio judío, un tesoro arqueológico que permitió reconstruir un fragmento de la vida de la comunidad judía de Valladolid y conocer sus costumbres funerarias.

La necrópolis, ubicada en el Paseo Central del Campo Grande, se extiende a lo largo de un amplio espacio que discurre paralelo a la verja del parque y a la Acera de Recoletos, desde la plaza de Zorrilla hasta la plaza de Colón. Este espacio, que alberga los restos de una comunidad que fue expulsada de la ciudad, se convirtió en un lugar de memoria y reconciliación, un espacio donde se puede honrar el legado de los judíos de Valladolid y recordar su contribución a la historia de la ciudad.

La necrópolis del Campo Grande, con sus tumbas orientadas de oeste a este, con los brazos extendidos junto al cuerpo y las palmas de las manos orientadas hacia el cielo, es un testimonio de las tradiciones funerarias de la comunidad judía de Valladolid. Este espacio sagrado, que durante siglos permaneció oculto, es un recuerdo de la presencia de los judíos en la ciudad y un llamado a recordar su historia y su legado.

La Calle de los Moros⁚ un legado cultural

La Calle de los Moros, una arteria que serpentea por el corazón de Valladolid, es un testigo vivo de la rica historia de la ciudad, un lugar donde se mezclan las influencias cristianas, judías y musulmanas, conformando un mosaico cultural único e irrepetible. La calle recibe su nombre de la comunidad musulmana que habitó Valladolid durante la Edad Media, un grupo de personas que dejaron una huella indeleble en la ciudad, en su arquitectura, en sus costumbres y en su identidad.

Los primeros registros de la presencia musulmana en Valladolid datan de mediados del siglo XII, cuando Zalema y su yerno Mafomat Dentudo, en 1148, y Ali el mozo, en 1158, aparecen como propietarios de solares en la villa. En ese momento, Valladolid experimentaba un periodo de crecimiento económico y atraía a gentes de los alrededores, a extranjeros y a judíos, contribuyendo a la diversidad cultural de la ciudad.

La Calle de los Moros, con su trazado medieval y sus edificios de piedra que se alzan sobre el pavimento empedrado, es un recuerdo de un pasado multiétnico y multicultural. En sus calles se mezclaban las tradiciones cristianas, judías y musulmanas, creando un ambiente de intercambio cultural que enriqueció la vida de la ciudad.

La Calle de los Moros también es un lugar de encuentro con la arquitectura medieval de Valladolid. Sus edificios, con sus fachadas de piedra, sus ventanas ajardinadas y sus balcones de hierro forjado, nos transportan a una época pasada, a un tiempo en que la ciudad era un punto de encuentro de diferentes culturas y tradiciones.

Un paseo por la historia y la arquitectura de Valladolid

Valladolid, una ciudad bañada por la historia, nos invita a un paseo por sus calles empedradas, a descubrir sus monumentos y a dejar que sus murallas nos cuenten la historia de un pasado rico y fascinante. Un paseo por Valladolid es un viaje a través del tiempo, un encuentro con el legado de diferentes culturas y tradiciones que han dejado su huella en la ciudad.

Desde la Plaza Mayor, el corazón de Valladolid, podemos empezar nuestro recorrido por las calles que nos llevan al pasado de la ciudad. La Calle de los Moros, un lugar donde se mezclan las influencias cristianas, judías y musulmanas, es un testimonio de la diversidad cultural que ha caracterizado a Valladolid a lo largo de los siglos.

La arquitectura de Valladolid es un reflejo de su rica historia. Sus edificios, con sus fachadas de piedra, sus ventanas ajardinadas y sus balcones de hierro forjado, nos transportan a una época pasada, a un tiempo en que la ciudad era un punto de encuentro de diferentes culturas y tradiciones.

Un paseo por Valladolid es un viaje a través del tiempo, un encuentro con el legado de diferentes culturas y tradiciones que han dejado su huella en la ciudad. Desde la arquitectura medieval hasta la arquitectura renacentista, desde las calles empedradas hasta los jardines del Campo Grande, Valladolid nos invita a descubrir sus secretos y a perdernos en la magia de su historia.

Etiquetas: #Juderia

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